4.9.12

M

Recuerdo cuando conocí a M. me daba tanto miedo hablarle. No podía haber nadie mas bonito
Recuerdo que siempre íbamos hacia el mismo lado, pero le mentía y decía que no iba hacia ese lugar, solo porque me daba miedo no saber que decir, quedarme mirándolo y no saber de que carajos hablaba, más aún, me daba miedo no ser interesante para él.
De todo el tiempo que conozco a M. he notado que es incluso mas callado, indeciso, mentiroso y otras palabras que no recuerdo ahora mas que yo.
Buscando definiciones para mis amigos, llegué a la conclusión que no le puedo definir, no hay una palabra que pueda asociarle. M. es tranquilo, calmado, piensa como adolescente, más bien, decide -o no- como tal.
Al querido M. le gustan los hombros, las uñas, los labios y creo que los potos femeninos. Nunca lo ha dicho, pero lo miro tanto, que sé sus gustos. Sé que casi todo lo que me gusta a mi, a él no le gusta (aunque me gustan los hombros, labios y potos)
Podría hablar una noche entera de M. pero tiende a mentirme, como si fuese necesario. Por esas cosas de la vida, yo siempre sé todo. Siempre estoy un paso delante de él.
Pero siento tanto tanto tanto que ya no me pasa lo mismo, ahora puedo mirarlo a los ojos -siempre es un placer- y no derretirme. Creo que los últimos sucesos han cambiado lo que pensaba o quería de él.
Al parecer, por fin, mi corazón se desliga de los ojos de M.
Te quiero (a ti si) pero M eres solo un instrumento. Eres lo que ocupo para escribir. Te amo en mis palabras.

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