Y veo las sombras,
revueltas con el viento,
con las hojas en el piso
y los pasos vacíos
de amantes desconocidos.
Manos sobre lo verde,
pies en el alto azul,
dedos ocultas bajo arena,
ojos en el agua.
Los placeres de la ironía ,
absortos en saliva.
Lo ciego de los días
ilumina lo cierto de mis labios.
Como cerros de fuego,
como felicidad continua,
como lo cierto de los días;
húmeda es la alegría.
Rastros de fidelidad
quedaron enganchados
en viejas ropas
y en maletas desechables;
Todo confundido
en siluetas
de amantes fugaces,
recordados solo por el tiempo
y los viejos árboles del parque.
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