Y es que no debería amarte, después de todo, tu no lo haces, ¿por qué debería hacerlo entonces?
Odio pensar que crees imperar en mi vida, porque en verdad de cierta forma lo haces, me derrito cada vez que me da una mísera muestra de aprecio o preocupación, trato de ser fuerte y hacerme la indiferente, de hacer como que no me importa lo que me dice -cada vez me cuesta menos- pero siempre está ahí. No quiero que me hable, mucho menos que me mire, ni que hable de mis labios, no quiero pensar en los suyos, ni en los mios ni en los suyos, ni juntos ni separados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario