cuando se pasa la vista por la ruina a que unas manos sumisas, tentáculos obedientes
guiados por el abotargado pulpo del estado, han conseguido reducir cosa tan fiera,
tan caprichosa y libre como es la literatura.
Aún más: yo he aprendido a atesorar mi repugnancia,
porque sé que reaccionando tan vivamente conservo pues del derecho a crear,
es el derecho a criticar el don más valioso que la libertad de pensamiento y de expresión puede ofrecer
No hay comentarios:
Publicar un comentario