13.10.11

Nabocov

Es difícil abstenerse de ese respiro que es la ironía, de ese lujo que es el desprecio,
cuando se pasa la vista por la ruina a que unas manos sumisas, tentáculos obedientes
guiados por el abotargado pulpo del estado, han conseguido reducir cosa tan fiera,
tan caprichosa y libre como es la literatura.
Aún más: yo he aprendido a atesorar mi repugnancia,
porque sé que reaccionando tan vivamente conservo pues del derecho a crear,
es el derecho a criticar el don más valioso que la libertad de pensamiento y de expresión puede ofrecer

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