27.4.11

Bar, recuerdos de cuando la quería (II parte)

Ah! de la Jose, de ella te estaba hablando -lentamente incorporándose sobre una botella a medio tomar de cerveza- un consejo amigo, mire que yo lo estimo, aunque me cague, lo estimo igual. Cuando se encuentre con una mina como mi Jose, cásese con ella, no se hueón, mire que las mujeres así, son difíciles de encontrar. Yo creo que me voy, sí, me voy a buscar a la Jose...

Intentando pararse, cae sobre el taburete sin soltar la botella, se sostiene a penas, trata de mantenerse de pie, pero es difícil, el hecho de mirarlo es penoso, vergonzoso, soez. Una de las meseras le ayuda a llegar hasta la salida, en donde un radiotaxi que nadie tomó, aguarda por el.

-¿A dónde va joven? pregunta Gabriel, un taxista de toda la vida, acostumbrado a limpiar vómitos borrachos.
-mmm, a la casa de la Jose, por fa
-¿ y eso por dónde quedaría?
-chucha, si usted es el taxista po'
-mejor dígame donde vive usted, se arregla un poco y de ahí vamos a donde su Jose
-igual teni razón... ¿cómo te llamai?... no, no me digai, deja adivinar. Tení cara de Alberto, oye Alberto tu cachai donde vivo?
-Gabriel es mi nombre, no, pero si me dice donde vive, lo llevo rápido.
-bueno, pero tenemos que ir rápido o se me va a pasar lo cosio, y no quiero, igual tení cara de Alberto.
-si usted lo dice. Ahora dígame donde vive.
-Llega a la farmacia, dobla a la izquierda, sigue derecho hasta encontrar una plaza y de ahi largai pa' la derecha, cuando veai un edificio grande, asi mas grande que tu y yo juntos, me avisai.
-pero joven, en las siguientes dos cuadras hay tres farmacias, en ninguna se dobla a la izquierda y además todos los edificios son mas grande que usted y yo juntos.
- tu dale pa'lla no mas Alberto, ¿porqué mejor no prendí la radio y sigue derecho no mas, a todo lo que da esta puta ciudad.
-le va a salir caro
-tengo plata. Prende la radio y te pago dos kilómetros extra si te quedai callado.

Gabriel ahora bautizado Alberto, prende la radio, y comienza a recorrer calles sin ningun sentido, avanza por 11 de septiembre, se devuelve por Avenida Providencia, baja y cambia a la Alameda, plaza italia avanza y queda en el pasado, se asoma de a poco barrio Lastarria con sus cafes tan europeos, biblioteca nacional y alguna cosa se esta preparando, La Moneda y los pacos llevan a alguien detenido, no se alcanza a ver quien o que es, torre entel y los recuerdos de la infancia, suena Morrisey en la radio mientras pasa frente a Exposición, le pide ir por Rondizzoni, se detienen frente al geográfico militar para lanzar una carga vomitiva a la calle.
Ambos hombres fuera del auto se dirigen a una banca destartalada en donde prenden cigarrillos aplastados.

-Alberto, dime una hueá, porqué eres taxista?
-es Gabriel, soy porque nunca quise hacer nada, preferí darme vueltas por la ciudad y vivir en los kilometros.
-y no tení una Jose por ahi? yo... yo quiero a la Jose, pero se merece algo mejor que un pobre y triste hueón como yo, se merece un hueón que la ame, que la haga sentir una reina, yo sé que soy un imbécil, y no lo puedo cambiar, pero solo quiero que la Jose esté bien, lo demás me da igual. Mejor subamos al auto que me cago de frío.
- Entonces... ¿a dónde lo llevo joven?
-Llévame a mi casa no mas Alberto.
-Gabriel. ¿dónde queda?
-¿Dónde estamos?
-¡uf! lejos de donde comenzamos, en Rondizzoni, estamos a unas cuadras del centro
-¡puta que avanzamos! te estas haciendo rico conmigo, sube por 11 de septiembre y de ahí te digo que mas, ¡ah! bájame la ventana o te vomitaré toda esta hueá.

(continúa)
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