Las mañanas plateadas,
tus labios carnosos,
el silencio irreproducible
y las amapolas en la cocina
hacen pensar
en que ya no hay sinfonía.
El frío en la puerta
y lo húmedo de tu pelo
hace pensar
que recién vienes llegando
Las gotas en la alfombra
y tu vestido inflamado
hace pensar
que no has dormido conmigo
Tu cuello huele a hombre
tus pechos a saliva ajena
tu ombligo extranjero
y tu vientre huelen a pecado
Tus crespas pestañas
sombrían tus ojos,
mas es la culpa
quien te ha cegado.
y te rindes ante mi
con emociones advertidas
y emprendes la huida
te veré luego,
en medio del bosque
o en el mar de amapolas,
inventándome una cara,
tal vez un nombre,
incendiando el mar
al pensar en tu nombre.
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